Tratado de la vida espiritual

Autor: Vicente Ferrer, san .Visitas: 406

Tratado de la vida espiritual

La presente edición del Tratado de la Vida espiritual de San Vicente Ferrer consta de un estudio preliminar en el que se explicitan las fuentes de dicho tratado, los principales hechos de la vida del Santo y de la Orden de los predicadores.

A su vez el Tratado se divide en los siguientes ítems:

  • de la pobreza;
  • del silencio;
  • de la pureza del corazón y mortificación de sentidos y pasiones;
  • mortificación de la propia voluntad;
  • mortificación del amor propio;
  • el alma, purificada, se une a Dios por la contemplación;
  • del director espiritual;
  • del estudio; entre otros

Acerca del Autor

Vicente Ferrer, san

Vicente Ferrer, san

Nació en 1350 en Valencia, España. Sus padres le inculcaron desde muy pequeño una fervorosa devoción hacia Jesucristo y a la Virgen María y un gran amor por los pobres, a quienes repartía significativas limosnas que la familia acostumbraba dar. Ingresó a la comunidad de Padres Dominicos y, por su gran inteligencia, a los 21 años ya era profesor de filosofía en la universidad. Siendo diácono lo mandaron a predicar a Barcelona, ciudad que estaba atravesando por un período de hambre ya que los barcos con alimentos no llegaban desde hace varias semanas.

San Vicente estaba muy angustiado porque la Iglesia Católica estaba dividida entre dos Papas y existía mucha desunión. Estas constantes preocupaciones mortificaron y enfermaron peligrosamente al santo; pero una noche, por revelación divina, descubrió que su misión era la de predicar el Evangelio por ciudades, pueblos, campos y países. El santo recuperó inmediatamente la salud, y durante 30 años recorrió el norte de España, el sur de Francia, el norte de Italia, y Suiza, predicando incansablemente, con enormes frutos espirituales, ya que los primeros en convertirse fueron judíos y moros.

San Vicente fustigaba sin miedo las malas costumbres, que son la causa de tantos males e invitaba incesantemente a recibir los santos sacramentos de la confesión y de la comunión. Los milagros acompañaron a San Vicente en toda su predicación, siendo el don de las lenguas el primordial y básico para su misión de evangelizar las ciudades y pueblos. El santo se mantuvo humilde y sencillo a pesar de la gran fama y popularidad alcanzada por sus predicaciones en varios países. Los últimos años, acechado por varias dolencias y enfermedades, sus predicaciones mantenían esa fuerza, vigor y entusiasmo que lo caracterizaron en el anuncio del Evangelio.

Murió en plena actividad misionera, el Miércoles de Ceniza, 5 de abril del año 1419. Fue canonizado en 1455.

 

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